domingo, 19 de noviembre de 2006

Ante las imágenes de los demás.










Susan Sontag refiere en su libro Ante el dolor de los demás (Alfaguara, 2003), que ser espectador de las desgracias ocurridas en otros países es una experiencia intrínseca de la modernidad, y que los periodistas se han encargado de difundir imágenes como si fueran una ofrenda.

Al parecer, dicha ofrenda se vuelve más eficaz mediante una fotografía, porque las imágenes que se suceden tanto en la televisión como en el video no tienen el peso suficiente para quedar adheridas en la memoria. Dice la autora que “la fotografía es como una cita, una máxima o un proverbio”.

De ahí, que lo grave del asunto es que al final terminamos por recordar sólo la fotografía y no la razón por la que fue tomada.

Me parece valiosa la crítica que le hace al fotógrafo brasileño Sebastião Salgado, cuando señala que lo grave de esas fotografías (refiriéndose a la serie “Migraciones”) es que su tema principal sean los indefensos, candidatos a ser fotografiados sólo por su indefensión. Sin ningún nombre al pie de foto que permita identificarlos y dar cuenta de su humanidad y de su historia paralela a la desgracia. Sontag lo explica mejor:

Un retrato que se niega a nombrar al sujeto se convierte en cómplice, si bien de modo inadvertido, del culto a la celebridad que ha estimulado el insaciable apetito por el género opuesto a la fotografía: concederle el nombre sólo a los famosos degrada a los demás a instancias representativas de su ocupación, de su etnicidad, de su apremio. (Sontag, 2003: 91)

A su vez, la autora hace una reflexión que suscita opiniones encontradas, les explicaré: Sontag dice que “según un análisis harto influyente, vivimos en una sociedad del espectáculo”, haciendo alusión al texto del situacionista francés, Guy Debord.

Sontag escribe a la luz de ese texto que “toda situación ha de ser convertida en espectáculo a fin de que sea real”, y suelta la denuncia: “Las personas mismas anhelan convertirse en imágnes: celebridades. La realidad ha abdicado. Sólo hay representaciones: los medios de comunicación”.

Luego de explicarlo, tilda de provincianos a quienes lo piensan, porque dice que esta idea “convierte en universales los hábitos visuales de una reducida población instruida que vive en una de las regiones más opulentas del mundo”, o sea, los situacionistas.

Bueno, quería escribir esto porque aquí hay algunas ideas que me interesan: la carga social de las imágenes, la cuestión ética, y la forma en que entienden ciertos autores la realidad y la mediatización de las imágenes.

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